Fue creado por
Dead Soul del dia 10.06.2007 a las 08:33:27
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Un joven noble me llevo por los pasillos oscuros de la fortaleza. Tras caminar por largos corredores llegamos a las habitaciones que me fueron asignadas. Su silencio me daba grima y con los ojos fijos en su blanca nuca jugaba con la fantasía de saltar sobre él sin ningún ruido y abrir su cuello mientras le tapaba la boca con una mano cruel. Aquello me recordaba dolorosamente los primeros días, cuando encerrada por mi creador en un oscuro y húmedo sótano me consumían el hambre y las pesadillas. Cegada por una locura que no comprendía mi mente soñaba que me sumergía en océanos de sangre y dolor trasmutada en una princesa oscura, sedienta de muerte; mientras me golpeaba contra las paredes y me arrastraba convulsivamente por el sucio suelo de aquella tumba profiriendo violentos gritos de desesperación. Sin tener conciencia de si era de día o de noche o del transcurrir del tiempo llegó un momento en que seccioné mis propias venas para saciar con mi sangre aquella excitación morbosa.
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Hasta que un día escuché ruidos sobre la pesada piedra que me tenía sepultada. Me agazapé entre las sombras como un animal; ya no me importaba absolutamente nada y estaba dispuesta a matar cualquier ser vivo que traspasara aquella abertura. Por allí penetró mi creador que, adivinándome en la oscuridad, dejó caer un bulto pálido sobre la tierra antes de bajar al agujero.
- Se acabó el tormento, niña mía - anunció riendo sardónicamente- aquí tienes tu recompensa.
Le observé, completamente alienada, mientras se recostaba sobre un saliente de la roca. Aunque todos mis instintos me suplicaban que le atacase todavía me dominaba el terror que sentía por él. De una patada arrojó el bulto hacia mí y de este brotó un débil quejido. Aquel sonido hizo que mis pupilas se dilatasen de pronto y que mis piernas me impulsaran como la depredadora que ya era. Ella, una joven campesina, con su sencillo vestido blanco de novia. Con aplicar mis colmillos a la vena de su cuello habría bastado, pero entonces no lo sabía, ni mi padre me lo dijo, y descargué sobre ella toda mi violencia contenida, destrozando su carne con mis golpes y mordiscos.
Y bebí de ella con la ansiedad de los asesinos, inundada por un placer innombrable que se propagaba por mis miembros extenuados arrancándome profundos gemidos.
Cuando ya no pude sorber más enterré mis manos en su vientre abierto y tracé con su sangre innumerables dibujos cobrizos sobre mi cuerpo desnudo, como la bestia que se impregna en los despojos de su presa. Todavía hipnotizada, miré a mi alrededor... Aquello parecía un rastro, por todas partes había sesgos de sangre y vísceras y un olor acre lo llenaba todo. Pero mi creador me miraba fascinado, con una sonrisa extraña y dura en los labios, casi diríase que orgulloso.
- Ha sido necesario así. Sabía que no lo habrías hecho por propia voluntad - chasqueó la lengua, divertido - Por eso te elegí.
Nunca he vuelto a experimentar el hambre ni la satisfacción de alimentarme con la intensidad de aquella vez.
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